¿ÉTICA Y NEGOCIOS SE MEZCLAN?


La ética es para muchos un conjunto de reglas que nos restringen y delimitan en un contexto que nos explica lo que es bueno y lo que no; lo que debemos hacer y lo que tenemos que evitar.

Quedarnos con esta descripción es limitar mucho el poder de la ética en los negocios.

En realidad lo que la ética hace no es darnos un conjunto de prohibiciones, ni tampoco es un manual que nos indica lo que está bien y está mal, es mucho más que eso, es una ciencia dinámica y práctica que nos ayuda a ser más felices en nuestro lugar de trabajo.

Decimos que la ética es una ciencia práctica, porque sólo se puede aprender haciendo; tomando decisiones. Al mismo tiempo se crea un círculo virtuoso, ya que la ética nos ayuda a tomar mejores decisiones, perfeccionándonos como seres humanos.

Vivimos en sociedad, y por lo tanto, nuestras acciones repercuten en la vida de otras personas, llámese familia, amigos, compañeros de trabajo, etc., por lo tanto la responsabilidad que tenemos de vivir bien y tomar decisiones que no tengan consecuencias negativas en otros es muy grande.

Tomemos el ejemplo de una empresa en donde no hay reglas, el ambiente de trabajo es muy relajado y la gente prácticamente hace lo que quiere; no hay una norma de cómo vestir en la oficina, ni de cómo tratar a los compañeros de trabajo, no existen políticas de cómo manejar el trato con proveedores y clientes, e incluso la relación con gobierno es un poco turbia, dado que se evaden impuestos. En un escenario así resultaría casi imposible concentrarse para trabajar, ya que no habría ninguna guía que nos indicara si nuestro comportamiento y actitudes serían los correctos, y si estaríamos haciendo bien o mal a la empresa. Este sería un ambiente sumamente estresante, que sin lugar a dudas daría pie a que se cometieran actos más graves como corrupción, mal manejo de información, sobornos e incluso en grado extremo no sería difícil que llegara a haber casos de acoso sexual y de extorsión.

Para evitar todo esto es necesario que como en todo, existan reglas y pautas de comportamiento, que sirvan como referencia para medir y evaluar si ciertas situaciones se consideran correctas y convenientes, o incorrectas e inconvenientes. A esto le llamamos código de ética.

Un código de ética es un conjunto de pautas y normas explícitas que pone una empresa, que sirve como de guía de comportamiento interno y externo para sus colaboradores. 1

Entre los muchos beneficios que tiene implantar un código de ética en la empresa es que mejora el clima laboral y las relaciones internas, mejora la comunicación entre colaboradores y entre la empresa y sus clientes y proveedores, y facilita la toma de decisiones.

El objetivo principal de la ética en los negocios es lograr el bien común en el lugar de trabajo y en la sociedad.

La ética se empieza a vivir primero a nivel personal antes de implantarlo en la empresa. Es un arma muy poderosa que impacta en la imagen y fama de las personas y de las organizaciones, por lo que vale la pena cuidarla.

En donde sea que trabajemos siempre enfrentaremos dilémas éticos, en los que no sabremos exactamente cómo manejar la situación y cómo resolverla. Aunque no existe una receta de cocina para enfrentar dilemas éticos, lo más recomendable es primero plantearse objetivamente el problema, y lo más importante, buscar consejo de alguien que sepamos que practica la ética constantemente en su vida y su profesión. Cada caso es único, y hay que tomar en cuenta todos los agravantes y atenuantes de la situación para poder decidir que hacer.

El primer paso para cualquier organización que busque hacer negocios y quiera trascender es implementar un código de ética. Al final de cuentas hacer negocios éticamente sí paga.

1 “Código de Ética. Cómo implantarlo en la empresa.” Dr. Ramón Ibarra Ramos. México. Trillas 2002.


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